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Palomino, el paraíso escondido en el caribe colombiano

Cortada por la carretera Troncal del Caribe, la aldea de Palomino esconde un paraíso con playas de fina arena blanca, cálidas aguas azules y vegetación frondosa que la han convertido en refugio para el descanso de extranjeros y en un destino promisorio del turismo colombiano.

  • Una turista camina por una playa en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE
  • Turistas argentinos toman en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE
  • Indígenas arhuacos caminan por una playa en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE
  • Una mujer disfruta de una playa en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE
  • Un indígena arhuaco en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE

Esta aldea que hace parte de Dibulla, el más occidental de los municipios del departamento de La Guajira, surgió como un imán para el turismo hace menos de 15 años, y desde entonces no para de recibir visitantes, en su mayoría extranjeros.

En Palomino tenemos muy cerca del mar la Sierra Nevada, que da una biodiversidad muy valiosa y un microclima muy agradable que lo convierten en un sitio apetecido por los turistas, sobre todo los extranjeros”, dijo a Efe la directora Departamental de Turismo de La Guajira, Victoria Ariza Hinojosa.

El acceso se hace por una estrecha carretera de tierra que parte de la Troncal del Caribe y se adentra unos 500 metros flanqueada por posadas y hostales de todo tipo que ofrecen en español e inglés servicios de hospedaje, alimentación, telefonía móvil, internet inalámbrica o hasta lavandería.

Al final de la estrecha ruta el visitante se encuentra de frente con la inmensidad azul del mar Caribe, que en esta época del año presenta un fuerte oleaje y corrientes, lo que aparta a los turistas de sus aguas pero no de las arenas de la playa Las Marías, donde pueden descansar bajo los árboles o a los pies de las palmeras.

Indígenas arhuacos caminan por una playa en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE

Si el deseo es de agua dulce, está el río Palomino, que en sus aguas cristalinas permite hacer recorridos a bordo de flotadores cuando se aproxima a su desembocadura en el mar.

El surgimiento de este remanso fue posible cuando los grupos armados ilegales que durante años mandaron en la zona, especialmente los paramilitares, empezaron a desmovilizarse gracias a un acuerdo con el Gobierno, proceso que concluyó en 2006.

“En Palomino se está viviendo hoy un verdadero posconflicto. Esto fue una tierra bastante complicada, un periodo que ojalá no regrese”, dijo el alcalde de Dibulla, Bienvenido García, durante una visita que hizo al lugar la viceministra de Turismo, Sandra Howard, como parte de la campaña “Seguro te va a encantar“, que promueve destinos poco conocidos del país.

García explicó a Efe que en los años de dominio paramilitar “aquí no había Estado, lo que había era un ‘paraestado’ en el que ellos (los hombres armados) decidían hasta la hora en la que la gente debía irse a dormir“.

Pero la situación cambió radicalmente y en Palomino ya no se ven hombres armados sino turistas de distintas nacionalidades, como un grupo de amigos argentinos que pasan las horas jugando cartas y tomando mate debajo de un enorme roble a solo unos metros del mar.

Esto es hermoso, la verdad es que es un paraíso“, cuenta el argentino Víctor Galarrada, quien con su amigo Diego Cota está hace tres días en una de las posadas de Palomino.

“El agua en Argentina es muy fría, muy marrón, aquí es otra cosa, es cálida, azul”, anota Cota.

Las maravillas naturales de Palomino son, según Ariza Hinojosa, solo una de las muchas que tiene esa región del extremo norte de Colombia.

Turistas caminan por una playa en Palomino, departamento de La Guajira (Colombia). EFE

“Tenemos desierto, tenemos cinco etnias vivas -las cuatro de la Sierra Nevada (Kogui, Arhuaca, Kankuamo y Wiwa) y la Wayúu- tenemos montañas, ríos, mar, la serranía del Perijá, y un maravilloso bosque nublado enano en la mitad del desierto que es la serranía de la Macuira, un parque natural”, afirma.

El alcalde de Dibulla aprovechó la visita para pedir al Gobierno nacional que declare Palomino “zona de desarrollo turístico prioritario” porque hace falta poner orden en el crecimiento desordenado del lugar, que puede echar a perder esta maravilla natural.

Esa petición es respaldada por Armando Bueno, propietario de una de las posadas del lugar, quien asegura que “hace un año había 60 hostales y hoy son unos 100”, además falta un plan de manejo de basuras y el acueducto es precario.

“Este es un lugar maravilloso, pero si no se toman medidas, le queda muy poco tiempo, unos dos años”, pronostica Bueno.

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Publicado en: Destinos     Turismo de naturaleza

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