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La Habana, 48 horas para un viaje melancólico al pasado en tecnicolor

Dos días nunca serán suficientes para conocer ninguna ciudad, menos una como La Habana. Pero 48 horas sí alcanzan para sumergirse en un viaje que evoca la melancolía de un pasado que aunque no se haya vivido parece revivir en una amplia gama en tecnicolor.

Fotografía de varios carros antiguos que aún transitan por La Habana en Cuba. EFE/Edwin Álvarez Toro

El primer sacudón sensorial se vive en el aeropuerto de la capital cubana, con esa sencillez que debió vivirse antaño, tan lejos de terminales para autofacturación, extensas tiendas libres de impuestos y variadas zonas de comida.

En lugar de paredes blancas y “elegante” mobiliario metálico como es la norma, las instalaciones están llenas de colores alegres y muebles de madera que dan un aire entre avejentado y hogareño.

La ciudad detenida en el tiempo cautiva a turistas

Al salir, más allá del golpe de calor, una especie de viñeta cinematográfica: abundante vegetación, un niño vestido de blanco de pies a cabeza y automóviles antiguos por todas partes.

Fotografía de una de las calles de La Habana. EFE/Edwin Álvarez Toro

Son los “almendrones”, viejos y enormes Ford, Chevrolet o Pontiac que estaban antes de la Revolución de 1959 y fueron parte de la respuesta obligada al bloqueo estadounidense, que sirven como taxis normales o turísticos por horas a precios más elevado, descapotables y con colores que van del fucsia al amarillo o el azul celeste.

Toda una fantasía multicolor que se mezcla con edificaciones también en tonos pastel en buena parte de ese centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1982 y del Malecón, aunque algunos edificios y casas están sin pintura, bien sea por el inclemente paso de huracanes, bien por falta de recursos para hacerles mantenimiento.

Igual, su arquitectura colonial, en estilos que van del barroco español al neoclásico, aunque un poco maltrecha, sigue intacta, con detalles como el de la calle Tacón y su pequeño tramo de adoquines de madera, la única que queda en la ciudad, en la Plaza de Armas frente al antiguo Palacio de los Capitanes Generales, con la que el mandamás de la época intentó combatir el ruido de los carruajes.

Iconos de la historia cubana

Cerca, símbolos como el Capitolio, inspirado en parte en el de EE.UU. y que ahora está en restauración tras albergar la Academia de Ciencias, y el Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”, sede el mundialmente famoso Ballet Nacional de Cuba.

En el Parque Central se pueden escuchar intensas conversaciones sobre béisbol en la llamada “esquina caliente” y adentrarse en La Habana Vieja lleva a plazas como las San Francisco y la Vieja, con pequeños restaurantes, lectoras de cartas y músicos que alegran las tardes y noches habaneras.

Fotografía de los retratos de acero de Ernesto Che Guevara (i) y Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución en La Habana (Cuba). EFE

Pero también poco a poco se van descubriendo algunas tiendas de marcas famosas que ahora conviven con verdaderos íconos como el Hotel Ambos Mundos, que detrás de su fachada salmón le dio su “primer hogar” a Ernest Hemingway, de quien se conserva como un pequeño museo la habitación que ocupó entre 1932 y 1939.

El autor de “El Viejo y El Mar” también dio lustre a otros sitios como La Bodeguita del Medio” y Floridita, restaurantes a donde acudía con frecuencia y de los que dijo: “Mi mojito en la Bodeguita… y mi daiquirí en el Floridita“.

El sabor cubano se pasea por sus calles

Además se pueden recorrer el peatonal Paseo del Prado, adornado por sus ocho leones de bronce, o La Rampa, que desde el malecón lleva al Parque Coppelia, con una heladería donde se puede disfrutar de un cono de chocomenta o plátano.

También llenan los sentidos las imponentes casonas de Miramar y de El Vedado, la mayoría reconvertidas en embajadas, casas de protocolo del Gobierno o restaurantes para probar los “moros y cristianos” (arroz con fríjoles negros), el boniato (papa dulce) o las “espadas corridas” (brochetas que mezclan 4 embutidos con carnes de pollo, res y cerdo).

Fotografía del “Bar La Bodeguita del Medio” en La Habana, un lugar que frecuentaba el escritor estadounidense Ernest Hemingway para tomar mojitos. EFE

Pero más allá de lo tradicional, toman fuerza opciones como los “paladares”, restaurantes privados de “cuentapropistas” (que no trabajan con el Gobierno), más modernos e internacionales.

El hospedaje tecnológico toma fuerza ante el auge turístico

Una apertura que también se refleja en hospedajes tipo Airbnb y en la paulatina ampliación de la red de internet, una de las más atrasadas del mundo, lo cual una vez en el terreno y gracias al modo turista resulta casi una bendición porque permite “desconectarse” de verdad.

Para terminar la doble jornada, que incluye la infaltable visita a tiendas oficiales de tabaco y ron, una buena opción es el Tropicana, el famoso cabaré al aire libre a punto de cumplir 80 años que con decenas de bailarines y cantantes recrea algo del folclore caribeño. Caro y estancado en el tiempo para algunos, elegante y alegre para muchos.

Pero todo esto hace parte de un destino que conserva la magia de décadas pasadas y que sigue cobrando importancia, como lo corroboran el récord de 4,7 millones de turistas extranjeros que llegaron a Cuba en 2017 y que aerolíneas de bajo costo como la colombiana Wingo, parte de Copa Holdings, incluyera a la isla dentro de su oferta desde que inició operaciones poco más de un año atrás.

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